Porno, ese arte incomprendido
Columnistas - Homotextual
En el porno hay muchos besos y abrazos, es entretenimiento 100% libre de política o religión y es más: ni siquiera hay gente fea. Yo creo que si en vez de pasar telenovelas y crónica roja pasaran pornografía, el mundo sería un lugar mejor.
En sus trabajos, mientras soñaban despiertos con el maravilloso destino recibieron la terrible noticia: Juanito había muerto, víctima de las continuas patadas en la cabeza que recibió de sus “compañeritos”, aconsejados por sus homofóbicos padres
Maricón, princesa, invertido, perra, degenerado, rarito, zorro, badea, maniquebrado, puto, reina, floripondio, menestrón, sopa, loca, ojete, roscón, putita, chupavergas, gatorade… ¡nuestro idioma es tan prolífico en términos homofóbicos!
El amor romántico, aquel que vemos en películas, en el que creemos y que esperamos encontrar algún día es un concepto vomitivo que debe ser rechazo por toda persona que se precie de ser inteligente. 

