Miércoles, Septiembre 08, 2010
   
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La vida de Juan

Columnistas - Muñeco Inflable

 

Juan X. es un reconocido consultor para el sistema de Naciones Unidas en temas referentes a sexualidad, género y maltrato intrafamiliar contra las mujeres.

En su discurso de trabajo, apoyaba la teoría de entregar el poder de decisión a las mujeres, para que sean ellas quienes pudieran decir "NO" ante cualquier agresión que pudiera afectarles de manera física, mental o espiritual.

El consideraba que el trabajo de erradicación de la violencia contra la mujer debía comenzar por el acceso a la información sobre los derechos humanos, continuando con el conocimiento de las leyes y constituciones nacionales y finalizando con el apoyo a las organizaciones de base comunitaria.

Su fama como consultor había traspasado las fronteras y en una ocasión fue invitado a participar en un simposio sobre vulnerabilidad, violencia sexual y de género en las oficinas generales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Ginebra. La reunión había sido programada para Enero, en pleno invierno europeo.

Juan X. conociendo bien los mecanismos de viajes de la OMS, hizo sus propias reservaciones de hotel, tratando de ahorrar un poco del "per diem" para llevar de regreso unos cuantos chocolates y relojes para su familia. Encontró un hotel barato en el barrio de Pâquis, muy cerca de la calle de Zurich.

Tenía todo preparado para su viaje: pasaporte, visas, cheques de viajeros, presentaciones en power point, folletos de varias organizaciones de ayuda a mujeres maltratadas y ropa para el viaje, dejando espacio suficiente en su maleta para llevar de regreso los souvenirs.

Su avión debía llegar a las diez de la noche, pero por malas condiciones meteorológicas, su escala en Amsterdam se prolongó dos horas, llegando finalmente a Ginebra a las doce de la noche.

"sí que hace frío ésta noche" – pensó, al salir del aeropuerto y antes de embarcarse en un taxi que lo llevaría hasta su hotel. Hasta ese momento, todo parecía ir bien, porque finalmente con unas pocas horas de sueño recuperaría las energías para asistir al simposio.

Arribó al hotel cerca de la una de la madrugada. La calle, a pesar del frío, aun tenía vida: mujeres recorriendo las aceras o paradas en una esquina, hombres con cigarrillos en la mano negociando las tarifas, uno que otro dealer ofreciendo sus productos y algunos curiosos paseando por el sector.

"Ya veo por qué las tarifas de éste hotel son tan económicas" - pensó, mientras tocaba el timbre de la puerta. Esperó que lo atendieran, pero no recibió ninguna respuesta. Volvió a insistir una y otra vez, pero todo fue en vano. Pronto se percató de un letrero que no había visto antes, ni siquiera en el sitio web. Su hotel era en realidad una residencia cristiana con horarios de entrada y salida muy estrictos: las puertas estaban abiertas desde las 05h30 hasta las 23h30. No había excepciones y se solicitaba a las personas de tener en cuenta este detalle antes de alquilar una habitación, especialmente a los viajeros internacionales, para evitar malentendidos en sus desplazamientos desde y hacia el aeropuerto.

El frío de la noche se le hizo más intenso en ese momento. Un sudor frío recorrió su espalda. Al menos había otros tres hoteles en el área donde poder encontrar habitación para esa noche. Pagaría muy caro haber intentado economizar, pues Ginebra tiene fama de ser una ciudad muy costosa para los turistas.

Se dirigió al primer hotel que se encontraba a menos de una cuadra de distancia. Con su inglés un poco machacado solicitó una habitación para pasar la noche, recibiendo como respuesta que estaba lleno; no había espacio disponible durante esa semana porque coincidía con una gran convención internacional de telefonía móvil. Le informaron además de que todos los hoteles de la ciudad estaban llenos. Intentó convencer al gerente de turno que le permitiera pernoctar en la salita de espera del hotel, pero recibió una respuesta negativa indicándole que va contra las reglas de seguridad.

Se dirigió inmediatamente a un segundo hotel y recibió la misma respuesta. No tenía un lugar donde quedarse. Quizás el único sitio cercano, seguro y un poco menos frío que la calle, sería la estación central de trenes de Cornavin, no más lejana que unas cinco cuadras.

Tomó su maleta viajera y con paso nervioso empezó a caminar, haciendo frente al viento frío intenso que golpeaba sus mejillas y ondeaba sus oscuros cabellos. Era un clima no grato para alguien recién llegado de Guayaquil. Seguramente no resistiría pasar toda la noche en la intemperie; enfermaría y no podría presentarse en el simposio, habiendo hecho el viaje a Suiza en vano.

Había caminado menos de una cuadra, cuando escuchó sonar un claxon. Regresó a ver y se encontró con un sujeto a bordo de un Fiat 500 que le hacía señales con las luces. Prefirió ignorar al "desubicado" y continuó su marcha en dirección de la estación; más, el hombre detrás del volante se acercó lo suficiente como para poder intercambiar unas cuantas palabras:

  • Necesitas ayuda amigo?
  • Realmente no, gracias, estoy tratando de llegar a la estación
  • Con éste frío y esa maleta no llegarás lejos, de que parte de Sudamérica eres?
  • De Ecuador, tu de dónde eres? Tu acento español suena un poco raro.
  • Soy de Portugal. Vas a dormir a la estación, verdad? A esta hora no hay trenes de salida, así que supongo que no tienes donde dormir esta noche, verdad?
  • Si, es verdad – no tuvo más remedio que confesar su situación; era más que obvia
  • Si quieres puedes venir a mi casa, mi mujer está fuera de la ciudad y tú y yo podemos divertirnos un poco
  • Gracias, prefiero dormir en la estación – y diciendo esto apresuró el pasó.

El portugués continuó su camino, girando en la siguiente esquina.

"que frío hace… ojalá tenga suerte y pueda encontrar un cuchito calientito para dormir" – pensó para sí mismo, mientras sus pasos se volvían cada vez más lentos y dolorosos.

Había avanzado menos de una cuadra, cuando volvió a encontrarse con el portugués, ésta vez a pié.

       Sabes que eres muy guapo?

       Nunca me lo había dicho un hombre

       Pues me alegra ser el primero en decírtelo

       Creo que te has equivocado de persona, mejor piérdete

       Yo creo que el destino nos ha puesto uno cerca del otro por alguna razón. No te da frío y miedo caminar solito por estas calles?

       Tengo frío pero no miedo; Ginebra es una ciudad segura.

       Seguramente sobrevivirás al miedo, pero no al frío. Qué te parece si mejor te vienes conmigo, pasas ésta noche en mi casa y mañana continuas tu camino? Al menos no morirás congelado

       Prefiero seguir mi camino ésta noche. Gracias

       Cómo quieras, pero es mejor aprovechar las oportunidades que se te presentan – y diciendo esto, volvió a perderse de vista.

Juan continuó caminando de frente al viento frío proveniente de Siberia. Sus orejas se empezaron a helar y su nariz comenzó a chorrear grandes cantidades de mucosidad. "esto me pasa por tacaño" - dijo en voz baja, como descargando la responsabilidad al destino.

Aun le faltaban algunas cuadras para llegar a la estación. Cada paso se le hacía pesado pues sus zapatos no tenían suelas aislantes para proteger sus pies del frío pavimento. "no voy a durar mucho" - pensó en esos momentos. "extraño mi tierra" - susurró en voz baja.

Al regresar a ver en el otro sentido antes de cruzar la calle, se percató de que el Fiat 500 venía lentamente. Se detuvo a esperar que pase primero para luego atravesar la calle, pero el portugués volvió a ubicarse a su lado, abriendo la puerta del lado derecho, invitándolo a entrar al coche.

Esta vez no dudó y subió al carro, sin pensar en nada más que protegerse del frío. Adentro, la temperatura era agradable, pero él aun tiritaba de frío.

 Vamos a que tomes un té caliente

 Bueno, vamos

Se dirigieron hacia el Norte, hacia La Servette, no muy lejos de la estación central. Lo invitó a descender frente a un edificio de apartamentos y le ayudo incluso a cargar su maleta. Subieron por el ascensor hasta el quinto piso y luego entraron a una suite poco amueblada.

  •  

       Ponte cómodo; es mejor que te saques los zapatos y acerques tus pies al radiador

       Donde los pongo?

       En la entrada.

Se sentó en el borde de la cama y empezó a masajearse los pies. El portugués se sentó junto al él y le extendió una taza de té caliente.

  •  

       No te voy a pedir nada; de vez en cuando me hace feliz ayudar a la gente que está en apuros

       Gracias, realmente creo que me has salvado la vida

       No es nada, hombre. Lo malo es que no tengo mucho espacio aquí, así que si tienes sueño puedes dormir en mi cama; yo dormiré sentado en una silla.

       De ninguna manera, no quiero incomodarte; en todo caso, yo puedo dormir sentado en la silla y tú en tu propia cama

       Hagamos una cosa, compartamos la cama, tú a la derecha y yo a la izquierda

Le dio cosillas quitarse la ropa, pero viendo que el portugués empezó a desnudarse, no tuvo otro remedio que seguir la corriente. Dormiría en ropa interior y camiseta; al fin y al cabo se sentía dueño de la situación. El portugués estaba sólo en bóxers y era tan peludo como Chuwaca.

No habían pasado ni cinco minutos cuando sintió que el portugués acercó sus labios a su oreja y le susurró al oído:
 
    •  Eres tan hermoso, que estoy haciendo lo imposible para contenerme de abrazarte

       Ya te dije, creo que te has equivocado de persona

       Bueno, tú sabes, uno tiene necesidades, en especial cuando no está la esposa presente

       Pero a mí no me gustan los hombres

       Ya me lo habías dicho, pero en estas circunstancias, tu sabes que estar aquí es mejor que pasar frío en la calle, así que tú puedes decidir qué prefieres?, porque de seguro yo iré en busca de alguien que pueda darme lo que yo necesito y no hay espacio suficiente para tres aquí.

"opsss, no me quiero morir congelado" - pensó para sus adentros. Cerró fuertemente sus ojos y se dejó abrazar por el portugués. Sentía sus manos acariciándolo, luego sus labios rozando sus mejillas, nariz y boca. De pronto se encontró totalmente desnudo, sintiendo solamente una poderosa felación que lejos de disfrutarla sólo lo perturbaba y lo incomodaba.

"es esto o la calle" - pensó en ese momento. Luego sintió como el portugués le dio la vuelta y comenzó a lamer aquella parte donde nunca le daba el sol. Se sentía realmente bien el trabajo que le estaban practicando, aunque no lo admitiría jamás.

Finalmente, fue poseído por aquel hombre, de una manera poco romántica pero tampoco agresiva. Todo fue tan rápido que le pareció estar frente a una mala película de categoría R. Al final, se dejó llevar por el sueño, quizás más tarde despertaría para comprobar que todo eso había sido sólo una alucinación.

A la mañana siguiente, pudo comprobar su pérdida de virginidad. Se fue de aquel apartamento, evitando mirar directamente a los ojos al portugués, porque sentía vergüenza de lo sucedido.

Se registró finalmente en su hotel y aprovechó la mañana para cambiar su discurso y sus diapositivas de power point.

"Yo, experto en derechos humanos;

Yo, conocedor de las leyes;

Yo, un referente internacional en la lucha contra la violencia sexual ….

Yo, he sido víctima de ella"

Después de esa experiencia, ha comprendido que hay situaciones de vulnerabilidad en las que es muy difícil decir "NO" a un agresor. Ahora ha cambiado su discurso y su forma de trabajo, más no su orientación sexual.


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